Doña Tota y yo

“El cielo y el infierno viven en mí”, Nietzsche. No, no es que haya leído nunca a este filósofo alemán. Si hay libros que meten miedo, también están los autores que dan miedo y Nietzsche es uno de esos. Estaba escrito en el baño de un bar, la frase me gustó así que la doy por buena. Sábato decía algo parecido. Que todos teníamos una parte buena y otra mala y que no íbamos al cielo si no a un lugar donde por las buenas acciones no recuerdo que nos daban, pero por las malas… por las malas había que comer un equivalente en mierda. Me impresionó desde que lo leí y no paro de preguntarme qué me tocará comer: una cocina, una heladera, una maleta. Desde ese día cada vez que hago una buena acción pienso en que he reducido el tamaño de lo que tocará comerse, si Sábato tiene razón.

Hay mucha literatura en torno a esto, a la dualidad del ser humano. El doctor Jekyll y míster Hyde que todos tenemos dentro, el yin y el yang. En mi caso, Doña Tota.

Sí, usted se preguntará cómo puede ser que este que suscribe; un hombre cabal de la cabeza a los pies, un macho alfa con un poderoso magnetismo animal, conviva con una señora de batón y ruleros. A mí, lo reconozco, también me sorprende. Yo, que me he dejado la panza porque me parece que eso de tener abdominales  que te lleguen al cuello es medio de maracas. Que por no parecer metrosexual, no me afeito y muchas veces tampoco me baño y menos aun utilizo perfumes. Yo, que cuando pienso en un recuerdo feliz, pienso en el gol de Maradona a los ingleses en el mundial 86 y me sé de memoria la alineación del atlético de Madrid del 79… Doña Tota vive en mí y es inútil negarlo.

Doña Tota lo mismo te amasa unas tortas fritas que se pone a hacer unos panqueques o te cocina algo rico si se lo pedís bien. Tiene cierta autonomía y aparece en cuanto la situación la requiere, la llama o ella se siente necesitada.

Un amigo me cuenta que  tiene problemas con su pareja y Doña Tota me hace pensar asustado: “Este se me separa”. Y lo piensa así literalmente. La gente “se” le separa. Cuando un amigo recién divorciado se queda sólo en su casa, ese momento después de la mudanza cuando llega el triste instante de dejarlo solo frente a una casa vacía, Doña Tota tiene el impulso de volver a entrar y cocinarle algo rico para alivianar sus penas. No sé por qué piensa que todo se soluciona comiendo, que no hay mejor mimo que un buen plato de algo… sospecho que es medio italiana.

Una vez vino un amigo soltero a casa y me comentó que luego se iba a una fiesta argentina que organizaba un pub. En el centro de Madrid. Miré la hora y Doña Tota comentó: “¿Entonces no vas a cenar?”. “No, me como un sándwich por ahí y listo”. Seguimos hablando pero la doña no me dejaba pensar en nada más. “Éste no va a comer y luego si bebe le sentará mal, se va a descomponer, mirá qué flaco está, qué vida desordenada lleva etc.”.  Yo estaba haciendo un guiso de arroz así que convencí a mi amigo de que se quedara y se comiera un buen plato antes de irse de parranda. Después de insistirle un buen rato le puse un plato y un vaso en la mesa y le serví el guiso “¿Vos no comés conmigo?” Para mí es un poco temprano, voy a esperar a que venga mi mujer, contestó Doña Tota y se sentó a ver comer a mi amigo, igual que hacía mi abuela. Cuando éste se fue, la invadió la dulce sensación del deber cumplido y se quedó pensando en que ojalá lo pasara bien y conociera a una buena chica.

Cuando no tenía hijos, me levantaba una hora antes de salir de casa, me ponía las medias (los calcetines), una camiseta y, de esa guisa, me hacía un café y veía el noticiero. No era persona hasta después del café y cuando salía ya era un tipo informado. Ahora que tengo hijos, me levanto dos horas antes, pero cuando me voy a sentar a ver las noticias, doña Tota no me deja. Prepara el desayuno para toda la familia, incluso la viandita para mi mujer, y cuando tiene todo listo, me puedo sentar a ver el final del noticiero, que es cuando dan las noticias deportivas. Por lo cual, sospecho que es la única parte del telediario que cree que me interesa. Además cuando vienen todos a desayunar, no se sienta con ellos si no que se queda de pie y va sacando cosas de la nevera según se va necesitando. No sé por qué Doña Tota disfruta más de estos momentos, parada, viendo comer a mi familia como hacía mi madre.

Si por unas casualidades de la vida, algún amigo mío se queda a dormir en casa, inmediatamente pasa a ser uno más de la prole de Tota. Ella le hace el desayuno, le unta la mantequilla en el pan como al resto de los niños y lo despacha bien desayunado. Mis amigos me miran raro, he de decir.

A Doña Tota le da mucho miedo la carretera. Cada vez que preparo el coche para salir con la familia a algún destino turístico, la tengo encima diciéndome que no beba, que tenga cuidado, que no acelere. En eso coincide con mi mujer que va con la vista clavada en el velocímetro y grita cada vez que paso los 120 km por hora. Tengo un amigo que vive a 600 km de mi casa y que, por esas cosas de la vida y del trabajo, viene cada tanto a pasar unos días en Madrid. Eso está muy bien porque cada vez que viene nos ponemos al día y recuperamos una amistad, que la vida mantiene a la distancia. El problema es que va y viene en coche y cada vez que se va, la Tota me hace decirle: “avisame cuando llegues, mandame un mensajito aunque sea”, mi amigo me mira y no dice nada. Tota es inmune al desaliento así que, aunque mi amigo no le conteste, ella repite ese ritual cada vez. Nunca lo deja irse sin decirle lo mismo. De tanto insistir, mi amigo llama alguna vez para informar que está sano y salvo en su casa. Hay que reconocer que no lo hace muy a menudo así que, cuando Tota calcula que ya debe haber llegado, me hace llamarlo. Lo curioso es que la conversación con mi amigo empieza así:

“Uy perdoná, se me olvidó llamarte”

Perdona, se me olvidó llamarte ¿No empiezan así todas las conversaciones con las madres? Las mías siempre lo hacen con esta frase o con alguna similar… justo estaba por llamarte, tuve un día complicado y te iba a llamar justo ahora… en fin, doña Tota a veces me da vergüenza ajena.

A veces lucho para que me deje, para librarme de ella pero sin éxito. Cuando pasa eso se ríe y me dice: “Tonto, no ves que no existo, es tu manera de ser hombre”.

 

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8 comentarios

Archivado bajo Articulos Costumbristas

8 Respuestas a “Doña Tota y yo

  1. Adela

    GENIAL!!!!!!
    Sólo una cosita, creo que no hay que ir tan lejos para justificar lo de la comida, mira a los gallegos!

  2. Inma

    Muy bueno y divertido, enhorabuena por el escrito. Qué bonito tener esa forma de ser, darse cuenta y reconocerlo, de algún modo disfrutando de ser generoso con los demás. Qué bien lo has contado!

  3. Inma

    Ah!, y la foto no tiene desperdicio…

  4. eva

    Un pequeño regalo pasar por aquí por primera vez y quedarme un rato con Doña Tota y tú. ¡gracias!

  5. Marcela

    Genial , siempre que paso y te leo me pareces genial , pero lo de tener una Tota que se preocupe por los demás es tan bueno como tu idea de contarlo.
    Gracias por compartir esas cosas ,por que nos hace sentir mas normales , en mi casi creo que es un señor medio mecanico ,electricista albañil que no puede dejar de meterse en todas las reparaciones caseras de los que le rodean ,para susto de los desconocidos y regocijo de los que son amigos
    En fin
    un abrazo de otra rioplatense en la madre patria

  6. joaco

    Gracias Marcela. Supongo que es lo normal que vos tengas un “Cacho” interior que arregla cosas. Me parece bárbaro.
    Un saludo

  7. Paula

    Te leo y te reconozco. Un beso

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