Por qué lo llamamos fútbol cuando queremos decir sexo

Cuando tenia unos 13 ó 14 años comencé a ir al estadio Vicente Calderón a ver partidos de liga. Iba con la entrada infantil que valía 100 de las antiguas pesetas.
Con mi amigo Bernardo descubrimos que los clubes de fútbol tenían ese tipo de entradas y decidimos que había llegado la hora de comenzar a visitar estadios. Bernardo es vasco y del athletic de Bilbao así que odiaba al real Madrid, yo por mi parte era del Atlético de Madrid, así que decidimos que iríamos al Calderón a ver los partidos que jugara el Atlético de local.
Fuimos una vez. Lo más interesante que sucedió fue que nos encontramos con el humorista Arévalo y mi amigo le preguntó: ¿Es usted Arévalo? El tío nos miró y nos dijo “si”.
Pese a eso teníamos pensado volver al estadio en 15 días para seguir sufriendo con el “aleti” de Madrid. Pero terminamos yendo al Bernabeu. El estadio del Real Madrid que ambos odiábamos.
¿Qué pasó?

Muy fácil. Bernardo tenía una vecina de 16 años que se llamaba Yolanda, Yoli para los amigos, y cuando nos cruzamos con ella cambiamos de estadio y casi de equipo. No es que mi amigo tuviera relación con ella. Los padres de este tenían el estanco del barrio y la niña en cuestión escuchó a “Berna” y su madre hablar del partido. No tuvo mejor idea que contarles que ella iba a ver todos los partidos que el Real Madrid jugaba de local; que este club también tenia entrada infantil y que si queríamos podíamos acompañarla.
Berna me llamó, poniendo voz de “soy un grande”, para contarme lo que había sucedido. Sopesamos ir nosotros solos al Calderón, o con una tía que era mayor y estaba buenísima, a nuestros febriles ojos, al Bernabeu. Después de reflexionar durante una milésima de segundo decidimos ir al Bernabeu todas las veces que hiciera falta. Ya solo hablar con una chica… y mayor …y guapa… estábamos más que satisfechos. Terminamos la conversación telefónica entusiasmadísimos y con la sensación de que estábamos triunfando de una manera increíble.
Yoli era rubia, flaca, alta y con formas, o así la recuerdo al menos. Tenia un parecido con la Verónica Forqué de principios de los 80. Que en ese momento era algo así como un mito erótico nacional en pleno ascenso. No había serie de televisión en donde no apareciera haciendo de guapa, o se despelotara (el destape apenas había pasado).
La primera vez que la vi estaba llegando tarde al punto de reunión (la casa de ella) desde donde íbamos a ir al estadio. Me miró desde sus 16 años con desden y disgusto por la tardanza. Puso cara de “ya están todos los niños que llevo al fútbol” y salimos hacia el metro.
En el estadio Yoli era insoportable. Gritaba como una loca con una voz de pito que no le conocía y la mitad de sus comentarios eran propios de una chica. Mas claro: no eran comentarios futbolísticos propiamente dichos. De repente se ponía a gritar ella sola: “juanito a la selección, juanito a la selección” ante la mirada atónita de los que nos rodeaban y nuestras caras de a esta chica no la conozco. Todo lo que el arbitro pitara contra el Real Madrid estaba mal, no importaba si hasta el jugador del Madrid reconocía la falta y pedía perdón al rival. Ella insultaba al rival y al arbitro por igual. No se, no era una espectadora con la que pudieras comentar lo que estaba pasando o hacer una reflexión de cómo había sido el partido…. Ella gritaba y punto. También hacia comentarios a todo volumen sobre lo buenos que estaban algunos de los jugadores. Un bochorno…. Pero no todo era malo. Cada vez que el Madrid hacia un gol, o la cosa pasaba cerca, Yoli nos cogía entre sus brazos y nos estrujaba contra su pecho. No se si ya lo he comentado pero lo repito: Yoli tenia tetas. Fueron las primeras tetas que sentí contra mi pecho y las sentía cada vez que el Madrid hacia un gol así que me pasaba la semana deseando goleadas históricas.
Después del primer partido, llegue a mi casa y le conté mi tío José lo que pasaba. El estaba de visita en Madrid y me pregunto por el partido. Yo le comenté lo mejor de la noche, los abrazos de la yoli. Con su sonrisa de galán, la que lo hacía mi ídolo total, me sugirió que tenia que convencerla de que los saques de esquina son igual de emocionantes que los goles…. Me lo pensé, pero los conocimientos de fútbol de la Yoli me hicieron desistir. Ella, pese a sus gritos histéricos y sus comentarios fuera de lugar, comprendía la diferencia entre un gol y un corner…
Lo raro y maravilloso de esas tardes de fútbol fue que esta niña se empezó a fijar en mi. Llegue a esta conclusión en base a varios detalles. Primero, noté que los abrazos post-gol venían más para mi lado que para el de Berna. Yoli tendía a colocarse a mi lado en los partidos y eso me beneficiaba bastante a la hora del festejo. Segundo, trajo una amiga. Un chica que creo se llamaba (y espero que aún se llame) Paloma. Era bonita aunque un poco baja y siempre iba con tacos y minifalda. Lo mejor de Paloma, además de la mini, era que parecía aún mayor que la Yoli, por lo que Berna y yo estábamos en la gloria. ¡íbamos por ahí con dos tías buenas y mayores!!!!! Éramos los campeones del mundo. Los más grandes entre los grandes… Recuerdo como si fuera hoy: que subiendo las escaleras del metro, Berna me hizo quedar atrás y cuando las chicas estaban ya bastante lejos, se agachó para verle las bragas a Paloma. Si yo no lo hice no fue por bueno… No iba a hacer nada que pudiera estropear esa situación soñada y menos por ver unas bragas. Tercero, se multiplicaron las ocasiones de ir al Bernabeu. Que si entrenamientos, que si conseguir autógrafos etc. La Yoli nos llamaba con cada vez mas frecuencia y nosotros acudíamos prestos
También influyo mi constancia. Iba a todos los partidos, los entrenamientos etc. No importaba que lloviera, nevara, se declarara la guerra nuclear etc. Partido al que ella iba allí iba yo también. La casa de Berna se volvió nuestro lugar de reunión. Siempre estábamos por ese barrio y de vez en cuando nos la cruzábamos. Desgraciadamente esta chica no salía mucho a la calle y, para colmo de males, la liga llegaba a su fin. Era una tragedia porque no tendríamos excusa para salir con estas chicas
Así como había notado que Yoli me miraba con buenos ojos, también notaba que la diferencia de edad era para ella un tema importante. Le gustaba pero no se decidía a dar el primer paso y si quería que pasase algo, lo tendría que dar ella pues yo no tenia ni idea de cómo hacerlo. Yo estaba ahí pero no se me podía pedir mucho más.
Pese a la barrera de la edad, la Yoli se las ingenio para que siguiéramos viéndonos en verano. Conciertos gratis que a ella le interesaban e incluso fuimos a la piscina. Ver en bañador (malla en argentino básico) a estas dos chicas era algo serio. Ahí no había artificios, ni minifaldas, ni nada. El bikini era la verdad desnuda, o casi. Pasaron la prueba con el sobresaliente de sus 16 años. La pasamos bien e hicimos lo que había que hacer en estos casos. Me pase el día haciéndole ahogadillas y ella fingiendo resistirse. Poniendo caras de “ qué atrevido este chico” cada vez que se producía un tocamiento sin intención. No quiero ni pensar en la cara que tendría yo.
Pero la Yoli no se decidía a guiarme por esos caminos nuevos para mi y cometió su primer y único error: Me presentó a su hermana. Si Yoli era recatada y casi no salía de su casa, su hermana era todo lo contrario. Tenia fama en el barrio de ser una chica rápida y decidida y además, era mucho mas guapa que ella. Era de mi edad pero jamás en la vida me habría mirado si la Yoli no la hubiera llevado a uno de esos conciertos a los que nos hacia ir.
La hermana llevo una amiga así que éramos 6. Mal numero para una salida de estas. Lo primero que dijo la niña en cuestión fue: “con razón mi hermana va tanto al fútbol”, mirándome con cara de fem fatal. Me puse rojo por fuera y grande por dentro al ver confirmadas mis sospechas.
Carmen, la hermana, comenzó a desplegar sus armas de seducción frente a las que dure 3 minutos como muchísimo. Pasado este lapso, la Yoli y Paloma, incluso Berna, pasaron a formar parte de una nebulosa que estaba cerca pero a la que no podía ver. Recuerdo a Yoli haciéndome algún reproche en forma de broma porque le hacia caso a su hermana pero poco más. Se que termine en un parque con Carmen tirada encima y enseñándome a besar y pensando en lo afortunado que era pues la Yoli estaba muerta conmigo y encima la hermana también parecía interesada pero….
Obviamente habrán adivinado que la Yoli jamás en la vida volvió a dirigirme la palabra. La hermana pasó de mi apenas se dio cuenta que su hermana ya no estaba interesada. A Paloma no la volvimos a ver por el barrio nunca más.
Cuando volvía para Argentina decidí pasarme por su casa a despedirme. Le había tomado cariño y me daban ganas de decirle adiós. La madre me preguntó si viajaba en tren y tuve que morderme los labios para no largar la carcajada.
Yoli no disimulo su pena por mi partida y me hizo el honor de guardar su bien fundado enfado y despedirme como antes de que pasara nada. Carmen cuando vio que su hermana volvía a considerarme un ser humano, comenzó otra vez con sus caritas y sus poses. Esta vez no me deje atrapar, había ido a despedirme de una amiga, de un sueño y no tenia tiempo para otra cosa.
Me fui y volví muchísimos años después. Nunca mas la vi, no se que habrá sido de ella pero siempre le estaré agradecido, por esas tardes de fútbol, por esos goles, por presentarme a su hermana (los primeros besos son los primeros besos aunque sean producto de un error de calculo) y porque gracias a ella, por seguirla como un perrito faldero por toda una liga, pude ver por única vez en la vida, en vivo y en directo al gran Diego Armando Maradona.
Gracias Yoli

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