Si no lo hago yo…

En los días de resaca post elecciones europeas se repetia mucho la siguiente idea: “A la derecha no le afectan las denuncias de corrupción” o “ a los votantes de la derecha parece no importarle el tema de la corrupción”

Esto, después de que en la Comunidad de Madrid ganara el PP por muerte pese a ser el centro de los últimos escándalos de corrupción.

Lo mismo se decía del gobierno de Menem después de ganar las elecciones del 95 y conseguir la reelección de uno de los gobiernos mas corruptos que tuvo la republica Argentina.

Los argumentos que utilizaban en Argentina después de la victoria electoral y los que utilizan en el Madrid de Esperanza Aguirre (“gobernadora” de la Comunidad de Madrid y miembro del ala mas derechista, del derechista partido popular) son muy similares. Vienen a decir algo así como que los votos, legitiman lo actuado y que el electorado absuelve. Una cosa un tanto ridícula pero de alguna manera cierta.

Muchos de los votantes del partido popular así como muchos de los votantes de Menem pensaban que las acusaciones eran/ son falsas, que eran políticos limpios, transparentes, victimas de una campaña de mentiras.

Otros votantes saben o suponen que es todo verdad y no les importa. Piensan que todos lo van a hacer y que ya que es inevitable, que mejor roben los que piensan como ellos.

Los peores son los que piensan que si ellos estuvieran ahí harían lo mismo. Son los que en castellano castizo dicen: “lo bien que hacen” o en argentino :”la hizo bien, se la llevó toda”.

Vivimos en un tiempo de cierto relativismo. Ahora en España nos quieren convencer de que en la guerra civil ambos bandos eran iguales. Dicen: “Hubo salvajadas y criminales de ambos bandos” y con eso piensan que quedan equiparados fascistas y republicanos. Como si los excesos propios del descontrol que hubo cuando la republica disolvió el ejercito y armó las milicias, fuera equiparable con la enorme y aceitada maquina represiva de los fascistas. Como si un bando no fuera el legal, el elegido democráticamente y el otro el alzado contra la voluntad popular para imponer una dictadura nacional/ católica. Como si fuera comparable la ejecución de inocentes en los llamados “paseos” con los 190.000  fusilados del franquismo en la posguerra. Es como decir que los aliados y los países del eje eran iguales. Justificar con La presencia de Stalin la paridad entre nazis  y aliados. Ni siquiera crímenes como los bombardeos de Dresde donde murieron 36.000 civiles alemanes, o los lanzamientos de bombas atómicas, crímenes terribles sin duda y cometidos por los aliados democráticos, fueran equiparables con una política planificada  de exterminio y segregación racial.

Volvamos. Este tipo de justificación de la corrupción de arriba me recuerda a una que se dice mucho y que a veces justifica pequeñas corrupciones diarias, cotidianas. Es la frase: “si no lo hago yo lo va a hacer otro”. Algún caradura termina la frase con un “Y sería peor”. Es una frase que implica la creencia de que todos somos un poco corruptos y que todos ante una situación determinada haríamos lo mismo.

Es una frase que me suena a gente que hace cosas que no quiere asumir. Cosas que hace a conciencia, tomando una decisión pero que son difíciles de tragar. Entonces se ven en la necesidad de vestirlas de inevitables para tranquilizar su conciencia. Se escucha ante pequeñas miserias y ante dramas mas grandes. Un oscuro oficial de un campo de exterminio nazi que “sólo” lleva la contabilidad del campo y que cree que no tiene las manos manchadas de sangre. Como si su situación no lo convirtiera en cómplice de la maquinaria de terror, o de la maquinaria de la corrupción del estado. Un funcionario que acepta pequeños sobornos por pequeños favores;  una persona que soborna para saltarse ciertas normas burocráticas; un empresario que no pone en blanco a sus trabajadores para no pagar impuestos,

Conocí hace unos años a un grupo de anarquistas libertarios que tenían un ateneo. Tenían, o utilizaban, nombres tan bonitos como Amanecer, Primavera etc. Eran trabajadores que intentaban recuperar la influencia del anarquismo en el movimiento obrero argentino, obviamente sin ningún éxito. Un grupo de gente muy curiosa que irradiaba candor y fe en sus ideas. Me contaron que cuando empezaron a construir la cárcel de Caseros en la ciudad de Buenos Aires trabajaban en una pequeña empresa metalúrgica a la que le llegó un pedido de rejas. Los obreros se reunieron en asamblea y decidieron que no construirían rejas para un gobierno represor y asesino como el de Isabelita Perón. Significó perderse un montón de trabajo, un montón de dinero pero aun así eligieron no hacerlo. Hubo alguien que las hizo pero no fueron ellos, no llevan esa mancha.

En 1921 en la provincia de Santa Cruz el ejercito argentino asesinó a cientos de obreros rurales que se habían alzado contra la explotación de los grandes terratenientes agrupados en la sociedad rural (esos de las cacerolas contra  el gobierno actual). Eso esta contado maravillosamente en un libro llamado “La patagonía Rebelde” del gran Osvaldo Bayer. Cuando terminó la matanza los oficiales dejaron que la tropa se tomara un descanso y fuera a un prostíbulo de la zona. Las prostitutas se negaron a dar servicios a los asesinos de los trabajadores. Dijeron que no. Les pegaron, las encarcelaron pero no atendieron a la tropa.

En el “Martín Fierro” , la obra fundacional de la literatura argentina, hay un caso de alguien que también dijo no. Martín Fierro es un gaucho perseguido por el ejercito por no querer servir en un cuartel de la frontera. El gobierno de entonces necesitaba soldados y sacó una ley por la cual todo gaucho que no tuviera tierras y trabajo permanente era llevado a la rastra hacía los cuarteles a pelear con los aborígenes. Los gauchos pobres eran temporeros así se convirtieron en carne de cañón y mataron indios para los dueños del país. Fierro se escapa a la primera oportunidad y comienza a vivir la vida del perseguido. En un campo solitario se ve rodeado por una partida o grupo de soldados, saca su cuchillo y comienza a defenderse. En medio de la batahola se escucha el grito de uno de los soldados: “Cruz no conciente / que se mate así a un valiente” y cambia de bando. Entre los dos terminan con la patrulla y comienzan a huir  juntos.

El mismo Bayer en un artículo se pregunta cómo puede ser que con lo que pasó en Argentina durante la dictadura no hubiera habido ningún sargento Cruz. Nadie que dijera que no. Si no lo hago yo, a lo mejor no lo hace nadie

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